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martes, 31 de marzo de 2009

¿Leyenda?

«La mayor parte de los cronólogos coinciden en señalar que el que construyó las pirámides fue Saurid Ibn Salhouk, rey de Egipto, que vivió trescientos años antes del diluvio. La ocasión la propició el hecho de que viera en sueños que toda la Tierra se daba la vuelta junto con sus habitantes, los hombres quedaban cabeza abajo, y las estrellas caían y se golpeaban entre sí, produciendo un ruido enorme, y, aunque quedó preocupado por esto, lo ocultó. Luego vio que las primeras estrellas caían a la Tierra, con la apariencia de una gallina blanca, y cogían a los hombres, y se los llevaban entre dos grandes montañas, y las montañas se cerraban sobre ellos, y las estrellas brillantes se volvían oscuras. Se despertó con gran temor, y reunió a los principales sacerdotes de todas las provincias de Egipto, ciento treinta sacerdotes, cuyo jefe se llamaba Aclimun. Les refirió todo el asunto, y ellos midieron la altitud de las estrellas, e hicieron sus pronósticos, y predijeron un diluvio. El rey dijo: ¿caerá sobre nuestro país? Le respondieron: sí, y lo destruirá. Y, como quedaban todavía algunos años, en el tiempo restante mandó construir las pirámides, y que se hiciera una bóveda (o cisterna) en la que entraría el río Nilo, y de ahí pasaría a los países de Occidente, y a la tierra de Al-Said.
»Y las llenó (las pirámides) con talismanes, y con extrañas cosas, y con riquezas, y tesoros, etc. Grabó en ellas todo lo que habían dicho los hombres sabios,, así como todas las ciencias profundas, los nombres de alakakirs [sic], Sus usos y peligros. La ciencia de la astrología, y de la aritmética, y de la geometría, y de la física. Todo esto se puede interpretar por el que conoce sus caracteres y su lenguaje. Después de haber dado órdenes para esta construcción, cortó inmensas columnas y maravillosas piedras. Se fueron a buscar piedras enormes de los etíopes, y con ellas se hicieron los cimientos de las tres pirámides, manteniéndolas unidas con plomo y con hierro. Las puertas se construyeron a 40 codos bajo tierra, y las pirámides se hicieron de una altura de 100 codos reales, que son como 500 codos de nuestra época. También hizo cada una de sus caras de 100 codos reales. El inicio de esta construcción se hizo con el horóscopo favorable. Después de finalizada, la cubrió con Satten (mármol) de arriba abajo, y declaró una fiesta solemne, en la que estuvieron presentes todos los habitantes de su reino. Luego construyó en la pirámide occidental treinta tesorerías, llenas con un montón de riquezas, y utensilios, y con signaturas hechas de piedras preciosas, y con instrumentos de hierro, y vasijas de tierra, y con un metal que no se oxida, y con cristal que se puede doblar y, sin embargo, no se rompe, y con extraños conjuros, y con varios tipos de akakirs [stc], sencillos y dobles, y con venenos mortales, y con otras cosas más. También hizo en la pirámide oriental diversas esferas celestes, y estrellas, y lo que las hace funcionar independientemente en sus distintas orientaciones; y los perfumes que hay que usar con ellas, y los libros que tratan de estas materias.
»También puso en la pirámide coloreada (la tercera) los comentarios de los sacerdotes, en cofres de mármol blanco, y para cada sacerdote un libro donde se hallaban los prodigios de su profesión, y de sus acciones, y de su naturaleza, y lo que se había hecho en su época, y lo que es, y lo que será, desde el principio de los tiempos hasta el final de ellos. Colocó en cada pirámide a un tesorero: el tesorero de la pirámide occidental era una estatua de mármol, erguida y con una lanza, y una serpiente coronaba su cabeza. A quien se acercaba y permanecía allí, la serpiente le mordía en un costado, y se enroscaba en torno a su cuello, y lo mataba, y luego volvía a su lugar. Puso como tesorero de la pirámide oriental a un ídolo de ágata negra, con los ojos abiertos y brillantes, sentado en un trono y con una lanza; cuando alguien lo miraba, oía una voz a su lado que le privaba del sentido, de modo que caía postrado boca abajo, y no cesaba hasta que moría. Puso como tesorera de la pirámide coloreada a una estatua sedente de piedra, llamada Albut. Quien miraba hacia ella era arrastrado por la estatua, hasta que quedaba pegado y no se podía separar de ella, hasta que moría.»

Fragmento extraído de la obra de JOHN GREAVES, The Enduring Mystery, donde cita una de las leyendas que Ibn Abd Alhokm aprendió durante la conquista musulmana de Egipto.

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